martes, 8 de diciembre de 2009

Haciendo la voluntad de Dios.

Haciendo la voluntad de Dios.
1 Parte. (Introducción)


Jua 6:38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.


Amado hermano, tengo 30 años en la actualidad, y no hace nada tenía 15, lo recuerdo como si fuera ayer. Esto me dice; que dentro de nada tendré 45, 50 o 60. El hecho es que el tiempo no se detiene y las agujas de reloj están corriendo, y sé que el tiempo que está pasando y debemos aprovecharlo al máximo. ¿En Qué? En hacer la voluntad de Dios. Porque algún día, no muy lejano tendremos que dar cuentas de ello.

No hace mucho me hice esta pregunta, ¿estoy cumpliendo yo con la voluntad de Dios?

Sé que así como yo respondí, usted podría responder:

Ramón, yo voy todos los domingos y miércoles a la iglesia, no me pelo una vigilia, ayuno, campaña, congreso, dirijo los coros, soy un gran líder, anciano, diacono o pastor y llevo muchos años haciéndolo. “Cosas así fueron las que yo respondí”. Pero El Espíritu Santo hablo a mi corazón y me decía que estas cosas no me hacían un hacedor de la voluntad de Dios. Y me hizo recordar estos versículos que estremecieron mi alma:

Muchos son los llamados y pocos los escogidos. Mt.22:14.

Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Mt. 7:22

Delante de ti hemos comido y bebido y en nuestras plazas enseñaste, Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois, apartaos de mí, todos vosotros hacedores de maldad. Lc. 13.26-27.

¡ Es verdad ! Sé que estas pensando que son muy fuertes estos versículos, pero querido hermano, estos también son Palabra de Dios, fueron enseñadas por Jesús y por ende yo debo de estar alerta a lo que me están diciendo. ¡Mosca! ¿Dónde estoy yo? Muchos son… ¿pero de verdad estoy seguro que estoy por el camino correcto?

El Señor declaro en Jn. 14:6 Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.

Solo hay un camino para llegar al cielo y es por medio de Jesús, por la fe creemos en el cómo nuestro Salvador y recibimos la promesa de Salvación pero allí, NO queda todo.

No creemos, para ir los domingos u otro día al templo, tampoco creemos para cantar o dirigir los coros, mucho menos para predicar, ser anciano, diacono o pastor. No es cuestión de ministerios ni cargos, estos no te hacen más o menos que nadie. Para nada.

Hemos creído para ser perfeccionados en Cristo Jesús, para ser santos en toda nuestra manera de vivir, para llegar a la estatura del entendimiento de la plenitud de Cristo. Esta es la voluntad de Dios, que usted y yo crezcamos en su Hijo. Que el carácter de Cristo sea establecido en nuestras vidas. Que su reflejo y su gloria como hijo sea manifiesto en cada uno de nosotros. ¿Cómo? Por medio de la obediencia. Jesús fue obediente, obediente hasta la muerte, cumplió con la voluntad de su Padre, hablo solo lo que su Padre le mando hablar, no busco su gloria sino la del Padre.

Amigo y amado hermano podremos ser pastores, evangelistas, ancianos, adoradores o creyentes, como usted se quiera llamar, pero si Cristo no crece y vive en nosotros estamos perdiendo el tiempo.
Debemos reflejar a Cristo en nuestras vidas.


No es que vivas o des tu tiempo para cosas de Jesús, es que Jesús viva en ti. Que sus Obras y frutos se manifiesten en ti.

Nuestro carácter, forma de vivir, de hablar, de conducirnos en este mundo debe ser con la conducta y la actitud de nuestro Señor Jesucristo.

Podremos hablar muy bonito de Jesús, ser el mejor predicador del mundo, pero si lo que hablamos o enseñamos no es real en nuestras vidas, tristemente estamos perdidos…

Si hay rencor, envidia, celos, contiendas, mentira, chismes, y cosas como estas presentes en nuestras vidas, lamentablemente, estamos perdidos… no vamos a entrar, ¡no nos vistamos que no vamos para esa boda!

Solo hay una manera de ir al Cielo, un camino, una verdad y es Jesús… permite que Cristo se haga realidad en tu vida ¿Cómo? Por medio de su Palabra. Amala, búscala, desespérate por escribirla en las tablas de tu corazón. Hazte sumiso, obediente hasta la muerte a ella.

Dios quiere hacedores, no predicadores ni oidores de Su Palabra, que cada cosa que digamos en el pulpito sea real, veras en nuestras vidas.

Busca la voluntad de Dios en medio de esta gran oscuridad que es el mundo en su Palabra, ella es la lámpara a tus pies, la lumbrera a tu camino. Solo por ella podrás ser perfeccionado, purificado, limpiado, restaurado y santificado. No hay otra vía. Solo la obediencia a toda Su Palabra hará de ti un cristiano fiel y verdadero… y no de palabras sino de hechos…

Obediencia…Obediencia…Obediencia…Obediencia…Obediencia…Obediencia……………..

No es cuanto sepas de su Palabra, es cuanto de la Palabra es real en ti…..



Pastor: Ramón Contreras

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